martes, 31 de mayo de 2016

Leer los apuntes

A lo largo de nuestra vida hemos adquirido ciertas costumbres a la hora de leer cualquier cosa que quizá nos perjudiquen en el momento de estudio. Por ejemplo, solemos acostumbrar a leer palabra por palabra (verbos adjetivos, sustantivos, preposiciones, etc.), pues así se nos enseñó en su momento. Hay gente que también pronuncia las palabras que va leyendo según va avanzando con la información. Además de volver sobre el texto ya leído para asegurarnos de que no nos hemos equivocado con la lectura y la comprensión.

Lo explicado en el párrafo anterior hace que nuestra lectura sea mucho más lenta, por lo que perderemos más tiempo en el proceso y nos perjudicará en el avance, pues éste no será todo lo rápido que nos gustaría. Además, una lectura rápida hace que nuestra mente esté mucho más preparada para prestar la atención que necesitamos, por lo que aprovechamos mejor el tiempo de estudio.

Por tanto, ¿qué sería lo mejor? Una buena propuesta sería adaptar el ritmo de lectura a nuestra velocidad de pensamiento, que siempre es mayor. Tendremos que tratar de evitar pronunciar el texto que leemos, ya que reduce la velocidad de lectura hasta prácticamente la mitad de tiempo.

Asimismo, evitaremos releer, pues ya se seguirán haciendo sucesivas lecturas del apartado que toque estudiar en próximas sesiones. Esto también es un factor importantísimo para habituarnos a concentrarnos mucho más con la lectura y comprensión de estudio. Es mucho mejor dar una segunda lectura COMPLETA, en lugar de regresar hacia atrás cada X palabras para asegurarnos continuamente de que estamos entendiendo lo que leemos.

Aunque parezca obvio y evidente, a pesar de que no nos percatemos, según vamos avanzando vamos apoyando nuestros ojos en cada una de las palabras y, más aún, en cada una de las letras. Esto es señal de que, para ahorrar tiempo, debemos ampliar el campo de visión. Pasar de las letras a la palabra y de una palabra a varias. Parece complejo, pero es cuestión de práctica, como todo.

Esto también ha de tenerse en cuenta para saber fijar nuestra atención en aquellas palabras verdaderamente significativas. Palabras que nos den la clave de comprensión en cuanto al tema que estudiemos. Descartaremos, por tanto, aquellas que no puedan aportarnos nada, como los artículos, las conjunciones o las preposiciones.

Evidentemente, habrá ocasiones en las que no comprendamos el significado de alguna palabra. Sin embargo, deberemos tratar de no preocuparnos en el momento, pues también perjudica a la concentración global. Simplemente la señalaremos y, una vez realizada la lectura al completo, consultaremos el diccionario.

Otros aspectos a tener en cuenta en una lectura rápida son, por ejemplo, la iluminación, la postura y el ambiente tranquilo. La luz es muy importante, sobre todo si es natural en lugar de artificial. En caso de tener que recurrir a la segunda opción es mucho mejor que sea lo más suave posible. Siempre suele recomendarse contar con alguna bombilla en algún tono azulado y que esté centrada los apuntes.

Por raro que parezca, la postura es esencial para una mejor concentración en la lectura que realicemos. Así pues, es mejor estar sentado, cómodamente, y con los apuntes frente a nosotros, centrados. Usaremos una mesa cuya altura sea la ideal para que podamos apoyarnos bien en ella.

El ambiente debe estar, en medida de lo posible, completamente en silencio. Evidentemente, hay factores que se nos escapan de las manos, pero procuraremos controlar aquello que esté en nuestra mano. De este modo, nos será más complicado desconcentrarnos. Es cierto que hay quienes se concentran mejor con música, pero sólo es recomendable en caso de que esté a un volumen bajo y que sea instrumental. No obstante, si es posible intentaremos evitarlo.

Existen ejercicios que podemos realizar para aumentar la velocidad de lectura y mejorar en nuestro proceso de estudio. Sin embargo, lo esencial es forzarse de algún modo a acostumbrarse a una mayor velocidad, por radical que suene. Cierto es que, al principio, podemos perdernos muchas cosas, mucha información, pero, como se viene diciendo, la práctica lo es todo.

Podemos leer un texto y seleccionar alguna que otra palabra. Después, con esa lista delante, trataremos de localizarlas lo más rápido posible.

Otro ejercicio típico, es la lectura apoyándonos en una línea vertical trazada sobre el texto. Para ello, es recomendable entrenarse, por ejemplo, con columnas periodísticas. Se irá deslizando la mirada por la línea, tratando de leer el texto sin separar los ojos de ella. Poco a poco iremos aumentando el campo de visión.


No obstante, hay que tener cuidado e ir percatándose de que la información que quizá nos quede en el tintero con una técnica de lectura más rápida sean sólo detalles prescindibles y sin mayor importancia, nunca hay que perder información esencial.

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