lunes, 16 de mayo de 2016

Organizando el tiempo de estudio


Como se ha venido apuntando en las entradas anteriores, el estudio es un asunto que requiere, principalmente, compromiso. Por lo que debemos ser persistentes y tener voluntad. En el proceso, es también muy importante que sepamos organizarnos, para lo cual es imprescindible que tratemos de estudiar desde el primer día.

Deberemos organizarnos en función de la importancia de los estudios que estemos cursando. En algunos casos, nos será suficiente con mantener un ritmo de estudio de un par de horas diarias. En otros, tendremos que ampliar el margen, por lo que es importante la organización en función al tiempo que tengamos libre.

De este modo, cada uno debe ser consciente de sus capacidades y de lo mucho o poco que puedan costar algunas materias. Pero lo que no podemos hacer es estudiar mucho un día que tengamos mucho tiempo libre, y al día siguiente hacer menos o no hacer nada. Así no crearemos una constancia a la que nos cueste menos acostumbrarnos. Esta idea no es la más idónea para preparar los exámenes; de ahí la importancia del trabajo continuo.

No podemos pretender llegar a los días previos del examen para realizar todo el esfuerzo que hemos evitado o nos hemos querido ahorrar a lo largo del curso. No podremos abarcarlo todo. Podríamos tener suerte y llegar a un aprobado justo, aunque es difícil que esto ocurra. Por descontado, si nos decantamos por esto, nos arriesgamos a no haber asimilado apropiadamente las materias y esto facilitará que olvidemos los datos retenidos con mucha más facilidad. Mientras que si trabajamos constantemente, la información será mejor comprendida y nos será más fácil retenerla en la memoria.

Una buena estrategia de estudio es comenzar a organizar las asignaturas según los niveles de dificultad. Aquellas que nos resulten más fáciles, después las que tengan un nivel medio y, por último, las que nos cuesten más. Así, lo más idóneo sería que, a la hora de empezar a afrontar el estudio, comenzáramos estudiando una de las que consideremos de dificultad media, para ir centrándonos. Continuaremos con alguna asignatura que nos resulte más compleja y, para terminar de una manera más “relajada”, finalizaremos con una asignatura que nos resulte más sencilla.

Durante el tiempo de estudio, deberemos planear también una serie de descansos, pues no podemos estar un tiempo demasiado extenso con el 100% de la concentración. Sería imposible. Necesitamos despejarnos para que el estudio que siga tras dicho descanso, sea igual de provechoso que el estudio que hemos realizado hasta ese momento. Eso sí, conviene que los descansos no sean más largos de 5-10 minutos por cada 60 que llevemos estudiando.

Para organizar este tiempo, tendremos en cuenta que el momento del día en el que a nuestro cerebro, por lo general, le es más fácil concentrarse, es durante el día. Procuraremos dejar la noche para descansar, puesto que dormir bien es también un factor muy importante para una mejor retención de lo estudiado. Al contrario de lo que pueden pensar las personas que creen estudiar mejor por la noche, este es un momento del día en el que menos se rinde.

Así pues, como se indicaba, es muy importante el hecho de acostumbrarnos, de crear un hábito de estudio. Para ello trataremos de estudiar siempre dentro de un mismo lapso de tiempo, escogiendo siempre el mismo rango de horas.

Tendremos en cuenta que, una vez que terminamos de comer, nos puede resultar más difícil la concentración. Será mejor esperar una o dos horas antes de comenzar, dependiendo de a qué hora terminemos. Pero tampoco esperaremos a empezar demasiado avanzada la tarde.

Además de saber organizarnos los días de entre semana, tendremos que planificar también cómo repartiremos el estudio a lo largo del fin de semana. Si hemos estudiado a diario, puede ser buena idea dejar el viernes como día libre y de descanso, para dedicar el sábado a realizar una jornada de trabajo. El domingo también podremos aprovecharlo, pero trataremos de dejar para este día las cosas más ligeras.

Para saber organizarnos lo mejor posible, tenemos que tratar de no atrasar nuestro tiempo de estudio. De ahí la importancia de empezar a estudiar desde el primer día. En este sentido, tenemos que tener en cuenta la constancia que mencionábamos, pues sería conveniente cumplir esta planificación de trabajo y estudio diario.
En cuanto a las tareas que los profesores vayan mandando, también es preferible que no se deje para el último momento. Es importante hacerlo cuando la explicación está más reciente. Además, la preparación de la tarea sirve de igual manera para reforzar la materia. Así, si surgen dudas al respecto, podremos solventarlas con tiempo suficiente para que nos sirva en la preparación del examen.

Tenemos que establecer una serie de propósitos diarios. La importancia real no reside tanto en estudiar X horas, sino en que esas horas nos sean de verdadero provecho. Así pues, también deberemos pararnos a pensar, una vez que terminemos nuestro tiempo de estudio diario, en el rendimiento y el aprovechamiento que hayamos sacado de ello. Si nuestra valoración es negativa, tendremos que probar con otro tipo de organización o tratar de ver dónde ha estado el error para solventarlo.

Para motivarnos más, es recomendable saber “premiarnos” por una buena jornada, organizando algo que nos guste hacer en el momento en el que terminemos de estudiar.

Como excepciones, es sabido que siempre pueden surgir imprevistos en nuestra organización. Por lo que, a pesar de que tendremos que tratar de ser constantes, si nos vemos obligados a perder algún día, también tendremos que hacer todo lo posible por intentar recuperar ese espacio en el que no hemos podido hacer nada. Eso sí, esto solo lo haremos en los casos en que sea estrictamente necesario.

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