Como se ha venido apuntando en
las entradas anteriores, el estudio es un asunto que requiere, principalmente,
compromiso. Por lo que debemos ser persistentes y tener voluntad. En el
proceso, es también muy importante que sepamos organizarnos, para lo cual es
imprescindible que tratemos de estudiar desde el primer día.
Deberemos organizarnos en función
de la importancia de los estudios que estemos cursando. En algunos casos, nos
será suficiente con mantener un ritmo de estudio de un par de horas diarias. En
otros, tendremos que ampliar el margen, por lo que es importante la
organización en función al tiempo que tengamos libre.
De este modo, cada uno debe ser
consciente de sus capacidades y de lo mucho o poco que puedan costar algunas
materias. Pero lo que no podemos hacer es estudiar mucho un día que tengamos
mucho tiempo libre, y al día siguiente hacer menos o no hacer nada. Así no
crearemos una constancia a la que nos cueste menos acostumbrarnos. Esta idea no
es la más idónea para preparar los exámenes; de ahí la importancia del trabajo
continuo.
No podemos pretender llegar a los
días previos del examen para realizar todo el esfuerzo que hemos evitado o nos
hemos querido ahorrar a lo largo del curso. No podremos abarcarlo todo. Podríamos
tener suerte y llegar a un aprobado justo, aunque es difícil que esto ocurra.
Por descontado, si nos decantamos por esto, nos arriesgamos a no haber asimilado
apropiadamente las materias y esto facilitará que olvidemos los datos retenidos
con mucha más facilidad. Mientras que si trabajamos constantemente, la
información será mejor comprendida y nos será más fácil retenerla en la
memoria.
Una buena estrategia de estudio
es comenzar a organizar las asignaturas según los niveles de dificultad.
Aquellas que nos resulten más fáciles, después las que tengan un nivel medio y,
por último, las que nos cuesten más. Así, lo más idóneo sería que, a la hora de
empezar a afrontar el estudio, comenzáramos estudiando una de las que
consideremos de dificultad media, para ir centrándonos. Continuaremos con
alguna asignatura que nos resulte más compleja y, para terminar de una manera
más “relajada”, finalizaremos con una asignatura que nos resulte más sencilla.
Durante el tiempo de estudio,
deberemos planear también una serie de descansos, pues no podemos estar un
tiempo demasiado extenso con el 100% de la concentración. Sería imposible.
Necesitamos despejarnos para que el estudio que siga tras dicho descanso, sea
igual de provechoso que el estudio que hemos realizado hasta ese momento. Eso
sí, conviene que los descansos no sean más largos de 5-10 minutos por cada 60
que llevemos estudiando.
Para organizar este tiempo,
tendremos en cuenta que el momento del día en el que a nuestro cerebro, por lo
general, le es más fácil concentrarse, es durante el día. Procuraremos dejar la
noche para descansar, puesto que dormir bien es también un factor muy
importante para una mejor retención de lo estudiado. Al contrario de lo que
pueden pensar las personas que creen estudiar mejor por la noche, este es un momento
del día en el que menos se rinde.
Así pues, como se indicaba, es
muy importante el hecho de acostumbrarnos, de crear un hábito de estudio. Para
ello trataremos de estudiar siempre dentro de un mismo lapso de tiempo,
escogiendo siempre el mismo rango de horas.
Tendremos en cuenta que, una vez
que terminamos de comer, nos puede resultar más difícil la concentración. Será
mejor esperar una o dos horas antes de comenzar, dependiendo de a qué hora
terminemos. Pero tampoco esperaremos a empezar demasiado avanzada la tarde.
Además de saber organizarnos los
días de entre semana, tendremos que planificar también cómo repartiremos el
estudio a lo largo del fin de semana. Si hemos estudiado a diario, puede ser
buena idea dejar el viernes como día libre y de descanso, para dedicar el
sábado a realizar una jornada de trabajo. El domingo también podremos
aprovecharlo, pero trataremos de dejar para este día las cosas más ligeras.
Para saber organizarnos lo mejor
posible, tenemos que tratar de no atrasar nuestro tiempo de estudio. De ahí la
importancia de empezar a estudiar desde el primer día. En este sentido, tenemos
que tener en cuenta la constancia que mencionábamos, pues sería conveniente
cumplir esta planificación de trabajo y estudio diario.
En cuanto a las tareas que los
profesores vayan mandando, también es preferible que no se deje para el último
momento. Es importante hacerlo cuando la explicación está más reciente. Además,
la preparación de la tarea sirve de igual manera para reforzar la materia. Así,
si surgen dudas al respecto, podremos solventarlas con tiempo suficiente para
que nos sirva en la preparación del examen.
Tenemos que establecer una serie
de propósitos diarios. La importancia real no reside tanto en estudiar X horas,
sino en que esas horas nos sean de verdadero provecho. Así pues, también
deberemos pararnos a pensar, una vez que terminemos nuestro tiempo de estudio
diario, en el rendimiento y el aprovechamiento que hayamos sacado de ello. Si
nuestra valoración es negativa, tendremos que probar con otro tipo de
organización o tratar de ver dónde ha estado el error para solventarlo.
Para motivarnos más, es
recomendable saber “premiarnos” por una buena jornada, organizando algo que nos
guste hacer en el momento en el que terminemos de estudiar.
Como excepciones, es sabido que
siempre pueden surgir imprevistos en nuestra organización. Por lo que, a pesar
de que tendremos que tratar de ser constantes, si nos vemos obligados a perder algún
día, también tendremos que hacer todo lo posible por intentar recuperar ese
espacio en el que no hemos podido hacer nada. Eso sí, esto solo lo haremos en
los casos en que sea estrictamente necesario.
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