Sí, puede parecer una
obviedad, pero hay ocasiones en las que suelen buscarse “excusas” variopintas
para no asistir, pensando que ya habrá tiempo de ponerse al día… y el hecho de
faltar puede descuadrarnos bastante, aunque pueda no parecerlo. Evidentemente, podemos
tener una causa justificada, pero hay que tener cuidado para no dejarnos llevar…
Hay que sacar partido a
este simple acto, pues aquello que entendamos desde el primer momento y que
aprendamos gracias a esa asistencia, puede no ser necesario que se repase una
vez estemos en casa estudiando.
Además, una de las
grandes ventajas es que se sabrá de primera mano aquellos aspectos en los que
el profesor hace más hincapié. Esto puede darnos pistas de cuáles pueden ser
sus intenciones en el examen y por dónde pueden ir los tiros… Sobra decir
también, que hay profesores que tienen MUY en cuenta la asistencia, por lo que
sólo con eso podemos estar ganando algún punto extra. En muchas ocasiones, esto
puede ser algo decisivo que termine jugando a nuestro favor para que la nota
sea algo mejor.
Puede ser cierto que
hay asignaturas que pueden enfocarse y prepararse perfectamente por cuenta
ajena. Ya sea mediante algún libro de texto, bibliografía especificada por el profesor
en el programa o apuntes que él mismo pase cada X tiempo… Sin embargo, lo que
probablemente sea mayor pérdida de tiempo es, precisamente, la falta a clase.
Si le pedimos los apuntes a algún compañero, siempre van a surgir dudas, ya sea
porque no entendamos el fondo de los apuntes o, más simple, porque no
entendamos la letra del aquel alma caritativa… Así pues, es mucho mejor
ocuparse de tener apuntes propios, para lo que necesitaremos, lógicamente,
asistir a clase.
Una vez que estemos ya
en el aula en cuestión preparados para recibir la lección que toque, lo mejor
será escoger un buen sitio… Y si queremos intentar que nuestra atención sea
óptima, descartaremos los últimos asientos. Además, esto ayudará a poder ver
mejor la pizarra y a escuchar de manera más clara lo que esté diciendo el
profesor.
No tenemos que olvidar
tampoco el material de clase, para no tener que perder tiempo pidiéndoselo al
compañero… Si a nuestro bolígrafo le queda poca tinta, procuraremos tener otro
a mano.
Otro aspecto que
ayudará a ir avanzando convenientemente es acudir a clase con los ejercicios,
si se hubieran mandado el día anterior, hechos. Esto nos permitirá estar
atentos a su correspondiente corrección llegado el momento. Si cometemos algún
error, es mejor percatarnos con las correcciones que no el día del examen,
cuando no podamos ser conscientes de que lo estamos entendiendo mal.
También es bueno
aprovechar esa asistencia a clase para solventar nuestras posibles dudas de una
manera directa.
Otra cosa que puede
parecer absurda, pero que no lo es en absoluto, es el bueno comportamiento que
debería tener toda persona en clase. Debemos respetar a quien está dando la
explicación y a quien quiere escucharla. Y, como ya se ha dicho, esto puede ser
decisivo para una impresión positiva por parte del profesor.
En relación con lo que
se ha ido diciendo en anteriores entradas, es importante que, una vez que
estemos en casa, repasemos eso mismo que se ha visto en clase, puesto que está
más reciente y será más fácil la comprensión y la asimilación de la asignatura
en cuestión.
En caso de que las
tareas que se manden hay que entregarlas algunos días después, no está de más
ir realizándolas en cuanto se vaya pudiendo. Nunca hay que dejarlo para el
último momento.
Todas estas
aportaciones parecen muy obvias, pero es mucho mejor tenerlas presentes y
llevarlas a cabo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario