A menudo, la vida del estudiante puede resultar más complicada de lo que pudiera parecer. Pero en la gran mayoría de los casos existen, además de una posible desmotivación, otros diversos motivos que dificultan aún más el estudio.
¿Cuáles pueden ser esos motivos?
- No tener establecida una técnica de estudio.
Suele ocurrir que, incluso después de haber pasado un buen rato estudiando, el estudiante sienta que todo ese tiempo invertido no le ha servido de mucho, o de nada. El principal error de este aspecto puede residir en que, en numerosos casos, pretenden memorizar todo el contenido, pero no llegan a comprender lo que están leyendo. No lo entienden; no lo asimilan. Esto demuestra una falta de conocimiento en lo respectivo a aprender el contenido de las materias.
Hay casos en los que el estudiante, sencillamente, no sabe organizarse como es debido. Es decir, no se apoya en un horario o en un tiempo determinado para el estudio en sí. Así como tampoco tienen un sitio determinado y fijo en el cual estudiar, cuidando que dicho lugar sea apropiado, pues es importante que facilite la concentración. Así como también es conveniente procurar tener en él el material necesario que vaya a hacer falta a lo largo del proceso.
A menudo, también suele ocurrir que el propio estudiante no es consciente del tiempo que puede llegar a perder durante las horas de estudio. Está bien que cada cierto tiempo se levante e intente despejarse, pero no vale cualquier excusa. Nada de levantarse a beber agua (tendrá una botella preparada en la mesa en la que se encuentre) o buscar información en el ordenador (se apuntarán las posibles dudas y se consultarán una vez pasado el tiempo establecido para estudiar una determinada materia), etc.
En definitiva, es más el tiempo que se invierte en estudiar (o al menos en intentarlo) que la propia calidad de dicho estudio.
- No saber sacar ambición de nosotros mismos.
¿Quién no ha pensado en algún momento aquello de “me conformo con un 5”? efectivamente, estaríamos ante esa famosa ley del mínimo esfuerzo.
Se suele estudiar para un aprobado justo, sin molestarse en intentar hacer las cosas lo mejor posible. Básicamente porque esto facilita que, lejos de aprobar, se suspenda debido a la falta de interés en conseguir sacar una buena nota (que no tiene que ser, necesariamente, un sobresaliente). El caso es que esa actitud apenas dejar margen de error.
- No saber planificar adecuadamente el tiempo de estudio.
Hay que tomarse también un tiempo prudencial para organizar el estudio previo a un examen, o a varios exámenes. Ya que esto ayudará a que podamos estudiar todas las materias necesarias, sin tener que plantearnos aquello de dejar alguna asignatura para septiembre.
Eso sí, tampoco vale confiarse y pensar que se lleva bien X asignatura y dejarla de lado hasta el último momento. Simplemente, se empezará por aquellas que más cuesten, dedicándolas más tiempo, pero reservando también un espacio al repaso de las más fáciles.
- No llevar al día las diferentes materias.
No vamos a engañarnos, esto es lo que más suele pasar en la vida del estudiante. Aunque no siempre ocurre así.
No obstante, sólo con seguir el ritmo de tareas y deberes que debieran hacerse para una determinada clase, será un gran paso por el que empezar, ya que no deja de ser una ayuda para el propio repaso de la asignatura en sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario