jueves, 21 de abril de 2016

Tener una actitud positiva lo es todo


En el contexto del estudio es muy importante tener una actitud optimista y estar convencido de uno mismo.

Es cierto que no todas las materias pueden resultar fáciles o llevaderas, pero no debemos dejarnos llevar por la negatividad. Hay que pensar que se puede conseguir. Y es que siempre se ha dicho que desaprovechamos mucho de nuestro potencial intelectual, por lo que tenemos que confiar en nosotros mismos. Eso sí, NO tenemos que demostrarle NADA a NADIE, sólo tenemos que hacernos ver que SE PUEDE, porque se puede…

Así pues, tenemos de que autoconvencernos de que somos capaces de superar cualquier examen, cualquier materia, por muy complicada que ésta nos parezca. Y es que si únicamente conseguimos pensar que no vamos a conseguir aprobar… la potencial dificultad que ya de por sí existe aumentará aún más.
Sin embargo, si hacemos frente mediante ese convencimiento, las probabilidades de lograr aprobar serán mayores. Las posibles dificultades que muestre la asignatura no resultarán imposibles.
Aquí es donde entra en juego, por supuesto, una adecuada planificación y un correcto reparto del tiempo de estudio. Dando prioridad a todo aquello que nos sea más complicado de entender.


Asimismo, tenemos que poner todas nuestras ganas a aquello que estamos intentando conseguir. Nada de medias tintas.

No podemos obviar el hecho de que el estudio no todo el mundo lo afronta de igual manera. Así como también es evidente que estudiar no es tan fácil como sí que lo es enfocar la atención en otras cosas que nos pueden resultar más atractivas y que, lógicamente, nos apetecerán más que estudiar… Pero no podemos relajarnos ni despistarnos, necesitamos aprobar sí o sí, así que será mejor aceptarlo cuanto antes para afrontarlo con una mejor actitud.

Aquellos aspectos que más dificultad nos planteen podrán ser enfocados como retos personales. De ahí que necesitemos toda nuestra confianza en nosotros mismos, pues si nos desanimamos con facilidad, todo se nos hará mucho más difícil, si cabe. Será mejor llevarlo positivamente para que se nos haga algo más llevadero, en medida de lo posible. Además, la motivación personal hará que rindamos más fácilmente.


A esto, tenemos que añadir la seriedad con la que tiene que afrontarse el proceso de estudio. No olvidemos que de ello depende la diferencia entre el aprobado y el suspenso. Un correcto rigor en el proceso y en la elección de nuestras técnicas será lo más aconsejable.

CONSTANCIA Y TRABAJO, en eso debemos apoyarnos. El recorrido puede no gustarnos demasiado, pero si hay algo completamente seguro, es la satisfacción que sentiremos al final de todo ello si lo conseguido es lo buscado (y si trabamos correctamente, así será).

En definitiva, el esfuerzo habrá merecido la pena. Reforzaremos nuestra fuerza de voluntad y nos demostraremos que el sacrificio nos conduce a conseguir nuestros objetivos. Y esto nos puede servir en muchos más ámbitos más allá del estudio.

Si se está a tiempo, es mejor que estás habilidades y estas cualidades sean entrenadas desde pequeño. A la larga sería todo mucho más fácil.


Si queremos ir mucho más allá, no podemos conformarnos con estudiar únicamente para aprobar… De hecho, si hacemos eso, lo más probable es que no consigamos nuestro objetivo. Será mejor intentar llevarlo todo lo mejor preparado que se pueda, pues así será mucho más fácil conseguir no solamente aprobar, sino quizá pueda conseguirse una mejor nota de la que posiblemente se espere.

Eso sí, aunque nos exijamos todo lo mejor a nosotros mismos, no tenemos que abandonar el camino de la realidad. No podemos esperar pasar de aprobados justos a sobresalientes altos. Todo a su tiempo. Simplemente hay que empezar pensando, como indicábamos, que se puede conseguir, pero también ha de hacerse para conseguir un mínimo margen de seguridad. Todo es cuestión de saber organizarse lo mejor posible y, de nuevo, de ser un estudiante constante.

Esto no quiere decir que tengamos que prescindir de ocio, de hecho, está bien que tengamos nuestros momentos para despejarnos. Pero en su justa y debida medida, pues no tenemos que sucumbir a la pérdida de tiempo. Es decir, esos ratos y momentos en los que estamos mano sobre mano, sin hacer absolutamente nada, pues se puede ir de las manos con facilidad. Esto tampoco quiere decir que tengamos que tener un número elevado de horas de estudio, simplemente se trata de saber aprovechar las que utilicemos.

En todo este proceso, tenemos que tener cuidado y no confiarnos pensando que, por muy bien que lo llevemos, estamos salvados. Los buenos resultados nos pueden hacer bajar la guardia, pero hay que seguir esforzándose de igual modo. Eso sí, tienen que servirnos para motivarnos y continuar hacia nuestro próximo objetivo.


En cuanto a las posibles técnicas que se puedan llevar a cabo a la hora de estudiar, hay que tener en cuenta que no a todo el mundo les sirven las mismas. Incluso a una misma persona le puede ayudar un determinado método para una asignatura, pero no para otra. Asimismo, puede ocurrir que estemos empleando o estemos acostumbrados a emplear no sea el más óptimo, pues quizá no obtengamos resultados. Esto deberá ser tenido en cuenta a la hora de cambiar esas técnicas y buscar otras que nos ayuden más.

Esto también es aplicable a otros aspectos del momento de estudio, todo lo que implique el horario, el lugar, etc.


De igual modo, pueden darse casos en los que no consigamos nuestros propósitos y, sin tirar la toalla para el siguiente objetivo, tendremos que aceptar los errores que cometamos. No hay que olvidar, precisamente, que de los errores se aprende. Tenemos que responsabilizarnos de esos fallos sin caer en la trampa de culpabilizar a otros. Es necesario que sepamos aceptar los suspensos que nos lleguen, pues sabemos de antemano que no está todo perdido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario