En el contexto del estudio es muy
importante tener una actitud optimista y estar convencido de uno mismo.
Es cierto que no todas las
materias pueden resultar fáciles o llevaderas, pero no debemos dejarnos llevar
por la negatividad. Hay que pensar que se puede conseguir. Y es que siempre se
ha dicho que desaprovechamos mucho de nuestro potencial intelectual, por lo que
tenemos que confiar en nosotros mismos. Eso sí, NO tenemos que demostrarle NADA
a NADIE, sólo tenemos que hacernos ver que SE PUEDE, porque se puede…
Así pues, tenemos de que
autoconvencernos de que somos capaces de superar cualquier examen, cualquier
materia, por muy complicada que ésta nos parezca. Y es que si únicamente
conseguimos pensar que no vamos a conseguir aprobar… la potencial dificultad
que ya de por sí existe aumentará aún más.
Sin embargo, si hacemos frente
mediante ese convencimiento, las probabilidades de lograr aprobar serán
mayores. Las posibles dificultades que muestre la asignatura no resultarán
imposibles.
Aquí es donde entra en juego, por
supuesto, una adecuada planificación y un correcto reparto del tiempo de
estudio. Dando prioridad a todo aquello que nos sea más complicado de entender.
Asimismo, tenemos que poner todas
nuestras ganas a aquello que estamos intentando conseguir. Nada de medias
tintas.
No podemos obviar el hecho de que
el estudio no todo el mundo lo afronta de igual manera. Así como también es
evidente que estudiar no es tan fácil como sí que lo es enfocar la atención en
otras cosas que nos pueden resultar más atractivas y que, lógicamente, nos
apetecerán más que estudiar… Pero no podemos relajarnos ni despistarnos,
necesitamos aprobar sí o sí, así que será mejor aceptarlo cuanto antes para
afrontarlo con una mejor actitud.
Aquellos aspectos que más dificultad
nos planteen podrán ser enfocados como retos personales. De ahí que necesitemos
toda nuestra confianza en nosotros mismos, pues si nos desanimamos con
facilidad, todo se nos hará mucho más difícil, si cabe. Será mejor llevarlo
positivamente para que se nos haga algo más llevadero, en medida de lo posible.
Además, la motivación personal hará que rindamos más fácilmente.
A esto, tenemos que añadir la
seriedad con la que tiene que afrontarse el proceso de estudio. No olvidemos
que de ello depende la diferencia entre el aprobado y el suspenso. Un correcto
rigor en el proceso y en la elección de nuestras técnicas será lo más
aconsejable.
CONSTANCIA Y TRABAJO, en eso
debemos apoyarnos. El recorrido puede no gustarnos demasiado, pero si hay algo
completamente seguro, es la satisfacción que sentiremos al final de todo ello
si lo conseguido es lo buscado (y si trabamos correctamente, así será).
En definitiva, el esfuerzo habrá
merecido la pena. Reforzaremos nuestra fuerza de voluntad y nos demostraremos
que el sacrificio nos conduce a conseguir nuestros objetivos. Y esto nos puede
servir en muchos más ámbitos más allá del estudio.
Si se está a tiempo, es mejor que
estás habilidades y estas cualidades sean entrenadas desde pequeño. A la larga
sería todo mucho más fácil.
Si queremos ir mucho más allá, no
podemos conformarnos con estudiar únicamente para aprobar… De hecho, si hacemos
eso, lo más probable es que no consigamos nuestro objetivo. Será mejor intentar
llevarlo todo lo mejor preparado que se pueda, pues así será mucho más fácil
conseguir no solamente aprobar, sino quizá pueda conseguirse una mejor nota de
la que posiblemente se espere.
Eso sí, aunque nos exijamos todo
lo mejor a nosotros mismos, no tenemos que abandonar el camino de la realidad.
No podemos esperar pasar de aprobados justos a sobresalientes altos. Todo a su
tiempo. Simplemente hay que empezar pensando, como indicábamos, que se puede
conseguir, pero también ha de hacerse para conseguir un mínimo margen de
seguridad. Todo es cuestión de saber organizarse lo mejor posible y, de nuevo,
de ser un estudiante constante.
Esto no quiere decir que tengamos
que prescindir de ocio, de hecho, está bien que tengamos nuestros momentos para
despejarnos. Pero en su justa y debida medida, pues no tenemos que sucumbir a
la pérdida de tiempo. Es decir, esos ratos y momentos en los que estamos mano
sobre mano, sin hacer absolutamente nada, pues se puede ir de las manos con
facilidad. Esto tampoco quiere decir que tengamos que tener un número elevado
de horas de estudio, simplemente se trata de saber aprovechar las que
utilicemos.
En todo este proceso, tenemos que
tener cuidado y no confiarnos pensando que, por muy bien que lo llevemos,
estamos salvados. Los buenos resultados nos pueden hacer bajar la guardia, pero
hay que seguir esforzándose de igual modo. Eso sí, tienen que servirnos para
motivarnos y continuar hacia nuestro próximo objetivo.
En cuanto a las posibles técnicas
que se puedan llevar a cabo a la hora de estudiar, hay que tener en cuenta que
no a todo el mundo les sirven las mismas. Incluso a una misma persona le puede
ayudar un determinado método para una asignatura, pero no para otra. Asimismo,
puede ocurrir que estemos empleando o estemos acostumbrados a emplear no sea el
más óptimo, pues quizá no obtengamos resultados. Esto deberá ser tenido en
cuenta a la hora de cambiar esas técnicas y buscar otras que nos ayuden más.
Esto también es aplicable a otros
aspectos del momento de estudio, todo lo que implique el horario, el lugar, etc.
De igual modo, pueden darse casos
en los que no consigamos nuestros propósitos y, sin tirar la toalla para el
siguiente objetivo, tendremos que aceptar los errores que cometamos. No hay que
olvidar, precisamente, que de los errores se aprende. Tenemos que responsabilizarnos
de esos fallos sin caer en la trampa de culpabilizar a otros. Es necesario que
sepamos aceptar los suspensos que nos lleguen, pues sabemos de antemano que no
está todo perdido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario